Puerta del Diablo. Tupiza, Bolivia.

4 abr 2012

La Paz. El Colectivo 2. Marzo/2012

Conocimos al Colectivo 2 a través de una caminante colombiana que aún no conocemos personalmente, Luna. Entramos en contacto con ella por intermedio de nuestra amiga mexicana Lily, quien hace un par de años hizo un viaje por los senderos del Abya Yala como el que estamos haciendo nosotrxs. Estas redes de contactos compañeros tienen su magia, pues en la víspera de la llegada a La Paz, contestó nuestro mail Silvia Rivera Cusicanqui del Colectivo 2 diciendo que podríamos hospedarnos en su casa, y a modo de retribución, colaboraríamos con las actividades del Tambo Colectivo, lo que en la tradición aymara se llama ayni, o reciprocidad.

Ni bien llegamos a la estación de buses de La Paz, nos dirigimos al Tambo Colectivo. Llegando allí, saludamos a lxs cumpas y nos pusimos a colaborar con las actividades de preparación del lanzamiento del quinto número de la Revista que el grupo publica de manera independiente.


Supimos pronto que Silvia es profesora de sociología de la UMSA (Universidad Mayor de San Andrés), y tiene una larga trayectoria de investigación y militancia respecto a los derechos indígenas, y al pensamiento y las prácticas descolonizadoras en Bolivia. Una mujer muy copada, sensible y coherente con sus principios libertarios y autogestivos.

Silvia es una de lxs más o menos 20 integrantes del Colectivo 2, un grupo conformado por muchas personas ligadas a la carrera de sociología, que se auto-denomina anarco-ch´ixi* . El grupo tensiona con sus acciones la escisión entre el trabajo intelectual y manual y asume su compromiso político y espiritual de respeto y defensa de la Pacha a través del cultivo orgánico, de construcciones alternativas como el baño seco, y del reciclado de diversos tipos de materiales como botellas y bolsas plásticas. Además, produce libros, revistas y vídeos de manera independiente, en donde expresa sus ideas y abre al debate temáticas diversas ligadas al arte y la cultura, el medio-ambiente, la política y la producción académica. Siempre tejiendo redes con otrxs autorxs, colectivos y organizaciones.

*Manchado, tiznado, jaspeado. Color gris producto de la yuxtaposición de pequeñas manchas de blanco y negro. En los pueblos aymaras, se dice ”Marka ch´ixi” al mestizo interiorizado en la lengua y costumbres indígenas. (S. Cusicanqui)


En 2010 el colectivo “recibió un regalo de la pacha”: Gilka Wara Céspedes les ofreció en
comodato un terreno en la zona de Tembladerani, ciudad de La Paz. En la Revista no. 5 del Colectivo 2, hay un testimonio grupal intitulado Lurawi, el hacer: Una experiencia anarco-ch´ixi, en donde lxs colectiverxs comentan su experiencia en el Tambo. Reproducimos aquí algunos pasajes de este texto:

El terreno tenía unas extrañas características. Una casa de adobe semi-destruída apenas se mantenía en pie entre un pastizal de kikuyo, basura y escombros. Sin embargo la atmósfera impregnaba vida y las flores crecían entre la ruina y el abandono. Desde el principio tuvimos claro que podía ser un hermoso espacio para hacer muchas cosas”.

(…)

Empezamos, pues, en agosto de 2010, con una wax´ta fecunda que nos anunciaba desafíos y posibilidades inéditos. Bajo la conducción técnica del maestro constructor Gabriel Alberto Ramos, nos nutrimos de fuerza, entusiasmo, y nos lanzamos a la tarea de convertirnos en albañiles, con gran ingenuidad y muchos sueños.”

Un año más tarde, al terminar el segundo piso de la casa y cosechar los frutos de las dos huertas que reconstruimos a partir de escombros y basura, sentimos cómo la tierra rebosa de vida y nos regala comida y flores (…) El espacio que habitamos se ha transformado y nos ha transformado. El diálogo con las plantas, aves, madera, piedra y barro, nos ha dado valiosas enseñanzas sobre el significado de la escritura, sobre la potencia subversiva del silencio y la maduración de la palabra a través del acto de ‘poner el cuerpo’.”

Como colectiverxs, la vivencia en el Tambo ha significado una maduración y un crecimiento como grupo. Al enfrentar el proceso material, concreto y tangible de la construcción, hemos aprendido a desarrollar otras herramientas y otros modos de conocimiento. La academia nos ha alejado tanto de la materia que nos olvidamos de los regalos que ella tiene para nosotrxs. En nuestro caso, creemos que el principal tiene que ver con la ética del trabajo que hemos ido generando en el camino”.

Estuvimos en torno de 15 días en La Paz, la mayor parte de estos colaborando en el Tambo. Esta breve pero intensa experiencia con el Colectivo 2 nos alegró mucho y nos engrandeció humana y espiritualmente. Es maravilloso poder conocer gente sensible y comprometida con las cuales nutrir sueños de libertad y, principalmente, prácticas autogestivas y transformadoras. Partimos a Copacabana con el corazón pulsando fuerte y renovadxs de ganas de seguir conociendo otras experiencias y personas tan especiales como estas.

El viernes 23 de marzo colaboramos tomando fotografías de la presentación del quinto número de la revista Colectivo 2, cuyo tema es “Conocer con el cuerpo”. El evento se llevó a cabo en la Cinemateca Boliviana, y contó con un auditorio repleto de personas. Al final, dos integrantes del grupo compartieron un poco de música, una de ellas compuestas por ellxs mismxs en la vigilia en apoyo a la resistencia de los pueblos indígenas del Tipnis.


El Tambo Colectivo


Malala y Cata limpiando el terreno para el huerto


Javi, Pablo y Silvia preparando el pozo para el hacer compost

Silvia preparando los libros de la editorial Piedra Rota

Marco y Cata serigrafiando las láminas coleccionables 
para la presentación del la Revista Nro. 5

El Maestro y sus ayudantes en plena construcción 
del piso de la casa


Marco, el Maestro y otros cumpas
 plantando bambu

Spyke! O será Skype? Depende de la perspectiva.

Shakiro... Un Mimoso

Huerto Planetario

Coquita Sagrada

Akullico

Presentación de la Revista no. 5 del Colectivo 2 en la Cinemateca Boliviana.





Izq a der: Mario, Violeta, Juan Arbona y Ximena Soruco





Jornada de trabajo Uni, un lugar sagrado. Preparando la tierra para la siembra y cosechando la papa.

El lunes, 02 de abril, participamos de una jornada de trabajo en el terreno de Silvia en Uni, una región a 1 hora de la ciudad de La Paz, cerca del Valle de Las Ánimas. Para llegar allá, combinamos de encontrarnos con Mario, unx de lxs colectiverxs, en la Iglesia de San Miguel en Calacoto. Allí, nos encontramos con Mario, Diego y Vivi, con quienes tomamos un colectivo y luego un taxi que nos dejó a unos 300 metros de la tierra que trabajaríamos.

El paisaje nos deslumbró desde el camino, montañas rocosas con formas bastante peculiares iban anunciando lo que encontraríamos en este lugar. Apenas llegamos al punto de encuentro, avistamos la camioneta de Silvia en donde llegaban Marco, El Maestro Gabriel, René y Álvaro.

Todxs agarramos las distintas herramientas de trabajo y las bolsas de comida y bebida y caminamos unos 10 min hasta llegar al terreno. El día era de un sol brillante y una brisa esporádica. Ya nos habían dicho que estaríamos de frente al Illimani, pero la experiencia de estar allí tan cerca de este nevado tan imponente superó toda expectativa.

Claro que el Illimani tiene sus tiempos y voluntades, y durante todo el día, apenas se desnudó parcialmente, mostrándonos otra vez, solo una puntita de su figura… Nosotrxs nos sentíamos agradecidos. Al fin y al cabo, todo el contexto de día soleado, campo florido e imponentes montañas rodeándonos por todos los lados, nos hacía sentir radiantes y en paz.

Antes de empezar a laburar, el akulliko no podía faltar. En ronda, compartimos hojas de coca que nos energizan a cada unx y mutuamente. El trabajo en la tierra no es fácil. Tiene sus mañas y secretos que se adquieren con la práctica y con el amor al oficio. El maestro Gabriel una vez más coordinó la labor colectiva, enseñándonos cómo sostener las herramientas, surcar la tierra y volcar el kikuyo hacia el sol para que este seque sus raíces. El Maestro nos explicaba que esta es la primera etapa de preparación de la tierra para la próxima siembra. La segunda etapa implica un laburo más fino y es la que deja la tierra apta para recibir y germinar la semilla.

Después de un buen rato de trabajo, Vivi, quien había preparado una linda mesa con habas, choclo, papa, pan, queso, salsa de maní, entre otrxs alimentos, nos invitó para compartir el almuerzo. Una delicia…

Terminado el mismo, un merecido descanso y un poco más de akulliko nos preparó para la segunda parte de la jornada… Finalizada la preparación de la tierra, el Maestro nos dijo que había que cosechar la papa ese mismo día. Así fue que, más allá del cansansio de muchxs, nos pusimos las pilas y encaramos la tarea propuesta. Fue con gran gusto que de a poco fuimos viendo la pila de distintas variedades de papas creciendo y creciendo.

Para nosotrxs, bichxs urbanxs en vías de volver a vincularnos con Pachamama y recuperar saberes ancestrales tan necesarios como sembrar y cosechar el alimento que comemos, dicha experiencia fue mágica.

Terminado el día y tras haber tomado una gran cantidad de fotografías, nos despedimos de lxs cumpas (puesto que ya no volveríamos verlxs) y volvimos a casa con el cuerpo molido y la vez contentos de haber podido participar de un día tan bello.







Que rico es compartir la comida...

"Aprieto firme mis manos y hundo el arado en la tierra..." 
Victor Jara

El Illimani revelando un pedacito de su hermosura.








La alegría por la bella cosecha.
De izq. a der arriba: Marco, El Maestro, René, Cata, Álvaro
Abajo: Vivi y Diego 




Habas

Quinua





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