A 130 km de Cusco se encuentra Machu Pikchu, que en quechua significa Montaña Vieja. Por intermedio de la dueña del Hospedaje Inka, contratamos una camioneta para ir y volver del Machu Picchu. Después de más de 4 horas de viaje subiendo las montañas por caminos sinuosos bien cerca de los precipicios, llegamos a la Hidroeléctrica. De allí caminamos junto otrxs turistas de distintas partes del mundo por la vía del tren por más de 3 horas bajo una intensa lluvia hasta llegar a Aguas Calientes, el pueblo donde hay que hospedarse para salir al día siguiente a visitar Machu Picchu. Aguas Calientes es un pueblo totalmente organizado para el turismo de Estados Unidos y Europa. Hoteles de lujo, restaurantes y bares carísimos. Sólo en el mercado se podía comer barato y comprar frutas y verduras. Pero como era temporada baja, pudimos regatear el precio del hostel, y la comida en algunos restaurantes. Aun así, gastamos mucha plata en pocos días.
Al otro día, antes de las primeras luces, salimos para Machu Picchu. Un recorrido de casi dos horas subiendo una montaña con mucha vegetación, bajo un roció matinal. Agotador pero muy disfrutable. En el trayecto, nos deslumbramos con los paisajes de montañas y ríos tapados por la neblina. Ya en la entrada de Machu Picchu, descansamos un poco las piernas y contratamos un guía junto a otros turistas argentinos. Las informaciones que nos brindó el guía sobre la historia y características de cada construcción fueron bastante interesantes y claras. Al terminar dicho recorrido guiado, fuimos a la entrada del Huayna Picchu, o “montaña joven”, cuyo ingreso habíamos pagado previamente junto con el boleto de Macchu Picchu. Para alcanzar la cima, hay que subir por unas escaleras de piedra durante una hora (aproximadamente 200 metros). Desde allí se aprecia todo el Machu Picchu y el Río Urubamba. Las autoridades locales sólo permiten el ascenso de un máximo de 400 personas en dos turnos de 200 por día. Esto obedece al hecho de que el sendero de ascenso y la cima no albergan físicamente a más visitantes.
Del mediodía hasta las 17 horas que es cuando cierra el Machu Picchu, nos separamos del grupo para recorrer con más tranquilidad otra vez los diferentes sitios y tomar más más fotografías. Más allá de haberlo visto innumerables veces por fotos, nos quedamos muy impresionados con la experiencia de estar allí, con su grandiosidad y magia. Los conocimientos y la sabiduría de los Incas fueron muy profundos y su relación con la naturaleza, el cosmos y los demás seres vivos ha dejado un legado muy importante para América Latina y el mundo.
Volvimos al caer la tarde. Fuimos a bañarnos a un complejo de aguas medicinales y termales para relajar el cuerpo. Al otro día salimos para la Hidroeléctrica bajo un hermoso sol junto a lxs compañexs de viaje. Allí esperamos a la camioneta que nos llevaría de vuelta a Cusco. Llegamos a la noche al hospedaje, con la alegría de haber cumplido un sueño: conocer el Machu Picchu.






























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