Puerta del Diablo. Tupiza, Bolivia.

23 may 2012

Trujillo, Perú. Mayo/2012

Cuando le comentamos a Gaby, amigaza argentina que nuestro próximo destino después de Lima sería Trujillo, ella se acordó de un compañero suyo cuya familia vivía en esta ciudad. Rápidamente Gaby nos puso en contacto con su amigo Henry, quien muy amablemente ofreció que nos hospedáramos en la casa de su hermana Violeta.

Fue así que llegando a esta ciudad ubicada al norte de Lima, contactamos a su familia y nos dirigimos a su casa, que estaba un poco lejos del centro, en una urbanización llamada Libertad. Violeta y toda la familia de Henry fueron muy gentiles al recibirnos, haciéndonos sentir muy cómodxs en su hogar, y con el sentimiento de que nos conocíamos desde hace algún tiempo.

Estuvimos 5 días en Trujillo, tiempo en que, entre otras cosas, aprovechamos para conocer su bella y florida Plaza central o Plaza de Armas con su monumento a La Libertad y visitamos el museo de Arqueología e Historia de la Universidad Nacional de Trujillo, donde conocimos un poco más del desarrollo histórico-cultural de las etnias Moche y Chimú.

Compramos por 10 soles la tarifa del “Circuito Chimú”, que incluía las entradas al Complejo Arqueológico Chan Chan, Museo de Sitio, Huaca* La Esmeralda y Huaca Arco Iris.

*La palabra “huaca”, en idioma quechua, significa lugar sagrado o templo. Sin embargo, en la actualidad define a aquellos sitios arqueológicos donde se encuentran restos de tumbas preincaicas o incaicas.

El primer día fuimos al Museo de Sitio, en donde hay informaciones interesantes sobre la historia y las prácticas de la cultura Chimú (1100-1470 d.C.). Chan Chan, considerada la “Ciudad de Barro más grande el mundo” fue la capital de la etnia Chimú. Se ubica a 5km al noroeste de la ciudad de Trujillo, en el Valle de Moche y fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. A medida que unx baja del mini bus que te deja en la carretera a unos 500 metros del Palacio Nik-An, el único habilitado para ser visitado, va pudiendo imaginar la inmensidad de lo que fue Chan Chan en sus tiempos de esplendor a través de sus vestigios, ya que la mayor parte de las construcciones todavía están siendo exploradas por lxs arqueólogxs así como mucho ha sido destruido por los saqueos y el deterioro del tiempo. Chan Chan estuvo formada por 10 ciudadelas o conjuntos amurallados, con barrios residenciales, palacios, edificios de culto, además de plazoletas, habitaciones y pasadizos, destacándose las figuras en alto relieve como olas, aves y peces. Sentimos falta de que los paneles informativos fueron más completos.

Saliendo de Chan Chan fuimos almorzar y pasar la tarde en Huanchaco, un balneario que queda a unos 20 minutos más más al norte, legendaria playa de los pescadores Moche. El lugar, naturalmente muy bello, infelizmente estaba muy sucio, una realidad común a las playas que visitamos en nuestra corta estadía en el Perú. Como decía una mujer vendedora en Chincha, el mar no acepta la basura que la gente le tira y la devuelve. Tiene toda la razón.

Yo (Cata) me di el gusto de comerme un buen ceviche, este plato típico peruano preparado con pescado fresco, limón, cebolla morada, pimienta, ajo, ají –entre otros ingredientes- y acompañado por camote, yuca y maíz cancha, que hecho de manera artesanal, es un verdadero manjar de los dioses.

El día siguiente visitamos las Huacas del Arco Iris, también perteneciente a la cultura Chimú, cuya decoración está dedicada al Arco Iris como símbolo de la fertilidad y de las lluvias. Muy interesante y de gran dimensión es su muralla. Diferentemente de los dibujos que vimos en Chan Chan, los que se ven en esta Huaca tienen formas antropomorfas. También fuimos a la Huaca La Esmeralda, la cual nos pareció muy mal mantenida. Las construcciones no estaban protegidas y no había ni una placa informativa para orientarnos sobre su historia y significados.

Por otra parte, la visita al Museo de la cultura Moche y a la Huaca de la Luna nos encantó. Para llegar allí tomamos un bus de línea que iba en sentido a la Campiña de Moche y nos bajamos unos 20 minutos después. Al llegar al sitio arqueológico, primeramente visitamos el Museo –super interesante y bien dispuesto, contenía unas cerámicas increíbles, piedras y metales trabajados con muy buena información escrita.

La cultura moche se desarrolló entre el 100 a.C.y el 700 d.C. en el valle de Moche teniendo como capital al territorio que hoy se denomina Huacas del Sol y de la Luna, extendiéndose hacia los valles de la costa norte del Perú.

La huaca del Sol y de la Luna son dos grandes pirámides de adobe construidas una frente a la otra, separadas por lo que fue antiguamente el centro urbano de la cultura mochica. La Huaca del Sol funcionó como centro político-administrativo, habiendo sido considerado uno de los edificios más grandes de Suramérica en su época. (La Huaca del Sol no se encuentra abierta para ser visitada, ya que todavía se están llevando a cabo las excavaciones, las cuales se han visto demoradas por la falta de financiamiento).

La Huaca de la Luna, la cual se puede apreciar en las fotos que siguen, fue de orden ceremonial y se ubica en el pie de una colina rocosa en forma de pirámide -el Cerro Blanco, el dios mayor que veneraban y quien creían les proveía los elementos necesarios para su sobrevivencia-, está formada por plataformas superpuestas de acuerdo a las distintas etapas de la cultura Mochica. Dichas plataformas están decoradas por relieves multicolores. Una guía que nos llevó a recorrer dicho lugar nos explicó que lo moches creían que los desequilibrios y desastres naturales eran una escarmiento del dios Ai-Apaec, o el dios de la montaña, que reclamaba una recompensa a través del sacrificio humano. Así es que los guerreros de la cultura moche combatían entre sí y a los perdedores se les degollaba y luego se les tiraba desde lo alto hacia las piedras. La sangre del sacrificado era depositada en una copa y presentada al Curaca moche, quien ofrendaba esta sangre al dios de la montaña. En la Huaca de La Luna los sacerdotes y gobernantes celebraban las principales fechas del calendario ceremonial, el cual estaba estrechamente relacionado con los ciclos y fenómenos de la naturaleza como las estaciones, los solsticios y equinoccios, las lluvias, etc.

La estadía en Trujillo estuvo marcada por nuestro encuentro con estas interesantes culturas que no conocíamos, así como con una familia amorosa y hospitalaria que nos abrió la puerta de su casa con mucho cariño. A modo de agradecimiento compartimos una cena de despedida con tallarines, cervecita y torta de chocolate de postre. Todo esto con el pretexto de celebrar aquel momento tan especial y único. Al fin y al cabo, esa media noche partiríamos más al norte rumbo a Máncora.



Plaza de Armas

Monumento a la Libertad



Chan Chan










Huanchaco






Huaca Arco Iris









Huaca Esmeralda






Huaca de la Luna




Dios Ai-Apaec






Cerro Blanco


Casa de Violeta, hermana de Henry



El papá de Henry, Javi y Violeta

Izq: Lorena/Der: Aracely





1 comentario:

  1. Ay pero que lindos momentos vividos! entre la impactante naturaleza, la cultura presente, la rica comida y la gente linda hospedándolos. Que maravilloso!!! ahora...Cata...dejaste el vegetarianismo por un rato con el ceviche, no? jejejej. Ta muy bien, la ocasión lo ameritaba, no? Abrazotes! Gaby

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