Deriva su nombre del legendario Cacique Calarcá, regente de una tribu de indios pijaos que habitó esta zona andina. Calarcá fue fundada el año de 1882. Ciudad perteneciente al departamento de Quindío, zona cafetera por excelencia.
En la casa de Janeth, compartimos charlas y comidas muy ricas. Ella y su familia son muy amables y los días pasaron volando de tanta alegría. Tuvimos el placer de conocer a las vecinas del barrio que se reunen a charlar, tomar café y comer arepas. Allí, pasamos muy lindos momentos escuchando a estas hermosas señoras, con tanta vida y experiencias para compartir, dispuestas a escuchar las aventuras de nuestro viaje por América Latina. Entre ellas, Meli, "la señora de las arepas". Una maestra de esta comida típica, que todos los días trabaja cocinando y vendiendo a lxs vecinxs. Cerquita de allí, lxs chicxs juegan al fúlbol con una pasión digna de los mejores potreros de Argentina. Tienen entre 8 y 12 años, aman este deporte y lo juegan con pasión y alegría. Fuí (Javi) invitado a jugar con ellxs algunos partidos, y fué como viajar a los años de mi infancia en la vereda de mi casa del barrio de Almagro, donde los goles se gritaban con el corazón. Con ellxs vimos el partido de Perú vs Colombia por las Eliminatorias al Mundial de Brasil 2014, entre jugo de guayaba recién cosechada, los gritos y las bromas de este mar incontenible de niñxs felices. Ganó Colombia 1 a 0, aunque el resultado, esta vez sí fué lo de menos.
Otro día fuimos con Matilde (una señora muy cariñosa y de una vitalidad increíble para sus más de 70 años), Meli, María Alejandra (hija de Janeth) y Estefanía (hija de otra vecina), a recorrer las fincas a las afueras de la ciudad. Caminamos casi tres horas entre plantaciones mayormente de plátano y café. También pudimos cosechar guayaba y chacha fruto (una vaina típica de la región y desconocida para nosotrxs). Cada cierto tiempo parábamos para compartir las frutas que habíamos llevado, tomar agua y descansar las piernas. Volvimos al barrio en el jeep de una señor que trabaja transportando personas de un lado a otro de la ciudad. Dejamos la guayaba cosechada en la casa de Janeth, y fuimos con Matilde y Estefanía a la finca del hermano de Matilde a pocas cuadras de la casa de Janeth. Nos recibieron con la amabilidad habitual de lxs colombianxs. El hermano, nos llevó a recorrer las diversas platanciones de café, plátano, guayaba, mandarina, naranja entre otras. Nos iba contando como las plagas roya y broca, están haciendo perder parte de la cosecha de café desde hace ya varios años. También, que es imposible para él no utilizar químicos en el cultivo, ya que "la tierra está cansada y no dá tanto como antes". Infelizmente, hay muy pocos productores de café orgánico en Colombia, y sus productos son muy caros debido a que no tienen una gran extensión de tierra ni apoyo, siendo por ende, pequeña su producción.
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| Matilde |
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| Árbol de banano |
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| Estefania y María Alejandra |
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| Cafetal |
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| Chachafruto |
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| Reunión para ver el partido Colombia vs Perú |
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| Tomando café en la casa de Carmelita (vecina de Janeth) |
Armenia
Es la capital del departamento del Quindío, uno de los 32 departamentos de Colombia y parte del denominado "eje cafetero". Para ir de Calarcá a Armenia tomamos un bus que nos deja en 45 minutos en la terminal. De allí parten los mismos para los diferentes barrios de la ciudad.
Un día fuimos al Parque de la Vida. El mismo cuenta con una extensión de mas de 8 hectáreas y fue un regalo que le hizo el gremio cafetero a la ciudad en sus cien años. Tiene una zona boscosa, árboles y jardines. Un lago con peces, patos y gansos. Una invitación a caminar por sus senderos adoquinados, descansar y entrar en contacto con pájaros y ardillas que allí viven. Pasamos unas horas respirando aire puro, descubriendo las diversas flores que aroman los senderos, sintiéndonos un poco menos lejos de la pachamama.
Parque de la Vida
Valle de Cocora
Se encuentra a una altura entre los 1800 y los 2400 MSNM. A 24 kilómetros de Armenia. Salimos temprano a la mañana desde Calarca hasta la estación de buses de Armenia. De allí otro bus a Salento, y desde la plaza ubicada en el centro de este pueblo, tomamos un jeep hasta el Valle de Cocora. Un tiempo total de viaje de casi 4 hs. Llegando al lugar, guías turísticos ofrecen sus servicios a precios muy caros, también paseos a caballo o en jeep por una parte pequeña del valle. Le preguntamos a un guía si podríamos hacer todo el recorrido (de aproximadamente 5 horas) solxs. Muy buena onda nos dijo que sí, que el mismo esta bien marcado con carteles informativos. Así que salimos a buen paso por el valle. Al costado del camino, pastisales y varias vacas alimentándose. Montañas verdes a ambos lados, y un cielo azul con nubes muy hermoso. Al rato de andar, el paisaje cambia: las cascadas y la humedad, conforman un ambiente de selva. El barro de las zapatillas va dejando huellas en los puentes de madera que cruzan los pequeños ríos.
Luego de 2 horas, llegamos al refugio Herencia Verde (antes era una fundación para la preservación e investigación de la biodiversidad local. Ahora, es una reserva privada). Allí merendamos con agua de panela, una delicia colombiana. Al terminar, fuimos a observar y fotografiar a los colibríes que venían tambien a comer y a beber. La particular manera de batir sus alas a muy alta velocidad, hace que estos pájaros tan hermosos queden suspendidos en el aire, para alimentarse con su pico tan característico. Sus plumajes de colores verdes y azules, son como destellos vistos a lo lejos. Un deleite para nuestras miradas.
Seguimos la otra mitad del viaje para el lado de las montañas. Caminos en subida rodeadxs de altísimos árboles. Llegamos a un mirador, desde donde se aprecia el valle en toda su magnitud. Hacia el final del recorrido, un guía muy buena onda se nos acercó a charlar. Conversamos con él y las personas que guiaba. Nos contó que fué la población del valle, que decidió impedir el impulso del turismo desmedido, manteniendo la libre entrada al lugar. Nos alegró saber de la autoorganización de lxs vecinxs, decidiendo sobre el territorio que se habita. Hacer respetar su cotidianidad ante la ignorancia de algunxs turistas que no lo hacen e impidiendo el negocio inescrupuloso que montan lxs empresarixs.
Al final del recorrido, las palmas de cera (árbol nacional) nos despidieron con sus formas tan singulares, formando una especie de collage con el cielo azulado y repleto de blancas nubes. Como gigantes salidos de un cuento de aventuras, estos seres hermosos acompañaron nuestros últimos pasos por el valle.
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| Las palmas de cera |































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